Aprendimos fotografía de naturaleza
En uno de los lugares más increibles para hacerlo en méxico: la sierra gorda de querétaro
Hay experiencias que no empiezan cuando ves al animal que fuiste a buscar, sino desde mucho antes: cuando cargas la mochila, cuando la subida empieza a ponerse seria, cuando cae la noche en el campamento y cuando entiendes que la naturaleza no tiene horarios para complacernos. Esta expedición para fotografiar guacamayas verdes fue justo eso: una experiencia de paciencia, cansancio, emoción y muchísimo respeto.
Por seguridad de las especies, no compartiremos la ubicación exacta ni detalles de acceso. Cuando hablamos de fauna silvestre, especialmente de aves amenazadas por el tráfico ilegal, también tenemos que aprender a contar las historias con responsabilidad. Verlas fue increíble, pero protegerlas es todavía más importante.
el lugar
La experiencia duró tres días y dos noches de campamento. El primer día fue prácticamente de llegada: subir, instalarnos, reconocer el espacio y preparar todo para la jornada fuerte. La ruta fue de aproximadamente 6 kilómetros de subida, con una elevación cercana a los 800 metros. No fue una caminata ligera; fue una subida demandante, de esas que te obligan a escuchar el cuerpo, administrar la energía y recordar que la montaña no se conquista: se respeta.
Acampamos cerca del sitio de observación, en un punto que nos permitió salir temprano al día siguiente sin invadir el espacio de la fauna. La zona forma parte de la Sierra Gorda, una región de montañas, cañones, vegetación diversa y formaciones geológicas impresionantes. Dormir ahí fue parte esencial de la experiencia: la oscuridad, el frío, los sonidos nocturnos y la emoción de saber que al amanecer nos esperaba un día completo de fotografía de naturaleza.
la flora y la fauna
El segundo día fue totalmente dedicado a la fotografía. Nos levantamos temprano, caminamos con cuidado y nos preparamos para observar sin intervenir. Aunque el objetivo principal eran las guacamayas verdes, el camino desde que llegamos estaba lleno de vida: chapulines de colores intensísimos, arañas entre la vegetación, insectos palo perfectamente camuflados, opiliones caminando como pequeñas criaturas de otro planeta y muchísimos otros seres que aparecían cuando bajábamos el ritmo y aprendíamos a mirar con atención.
Las guacamayas fueron, sin duda, el momento más esperado. Primero se escuchan, luego se intuyen, y de pronto aparecen en vuelo: poderosas, ruidosas, sociales y absolutamente hermosas. Pero verlas también nos recordó algo importante: la fotografía de naturaleza no debe tratarse de perseguir animales, sino de aprender a mirar sin invadir. La guacamaya verde es una especie amenazada en México, principalmente por la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal, por eso cada foto debe tomarse desde la ética, la distancia y el respeto.
la calidez de lA COMUNIDAD Y NUEVOS AMIGOS
Desde el inicio de la expedición contamos con el apoyo de la comunidad. Su participación fue clave en la organización de toda la experiencia, desde la logística hasta el acompañamiento en campo. Más que anfitriones, son guardianes de las guacamayas, y gracias a proyectos de turismo regenerativo de la mano de Vuela con Guacas quien también guió la expedición, han logrado propiciar su conservación. La mayoría de los ingresos de esta experiencia se destinan directamente a ellos, como una forma de reconocer y fortalecer su labor
El tercer día tocó desmontar campamento, bajar la ruta y cerrar la experiencia compartiendo alimentos con la comunidad. Después de dos noches en campo, ese momento tuvo un significado especial: no solo fue descanso, sino también un espacio de intercambio, aprendizaje y agradecimiento. Estamos profundamente agradecidos por la confianza, por abrirnos las puertas de su territorio y por compartir su conocimiento sobre las especies y el entorno.
También fue muy lindo ver cómo el grupo se acompañó durante toda la expedición. En una subida así, nadie llega completamente solo: alguien espera, alguien echa porras, alguien comparte agua, alguien se ríe contigo cuando las piernas empiezan a negociar con la dignidad. Logramos hacer amigos nuevos y se sintió, en todo momento, ese apoyo que convierte una ruta exigente en una experiencia compartida.
reflexión final
Después de bajar y convivir con la comunidad, cerramos el viaje visitando Jalpan de Serra, un Pueblo Mágico de la Sierra Gorda. Fue una forma tranquila y bonita de volver poco a poco: pasar de la intensidad del campamento y la fotografía a caminar por un pueblo lleno de historia, arquitectura y vida local. A veces las expediciones no terminan cuando acaba la ruta, sino cuando el cuerpo finalmente entiende todo lo que acaba de vivir.
Nos fuimos con fotografías, sí, pero también con una certeza: hay lugares que deben contarse con cuidado. Fotografiar guacamayas en libertad no es ir por una imagen espectacular; es aprender a esperar, a respetar, a no revelar de más y a recordar que estamos entrando al hogar de otros seres vivos. En AlMonte Hike creemos que salir al monte no es solo caminar: es vincularnos con el territorio, con la comunidad, con la vida silvestre y con esa parte de nosotros que todavía sabe asombrarse.

